29.7.05

Un texto de Julio Cortázar

He aqui una lección de creatividad... que lo disfruten!

INSTRUCCIONES PARA SUBIR UNA ESCALERA


Nadie habrá dejado de observar que con fre­cuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquier otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapa­ces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómo­das. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza er­guida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una es­calera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exacta­mente en el escalón. Puesta en el primer peldaño di­cha parte, que para abreviar llamaremos pie, se reco­ge la parte equivalente de la izquierda (también lla­mada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero des­cansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie.)
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimiento hasta en­contrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.


"Historias de Cronopios y de Famas"
Julio Cortázar
Ed. Alfaguara

21.7.05

Texto sobre Mariana Yampolsky, fotógrafa

Ayer vi una entrevista en el canal 22, la agarré empezada... me capturó por las imágenes, unas fotos maravillosas bien mexicanas, luego ya vi que la fótografa era una mujer llamada Mariana Yampolsky que decía haber querido nacer en México... muy curioso oirlo de una mujer con un fuerte acento... gringo.
De modo que hoy, queriendo mostrar el trabajo de esta mujer a un amigo también gringo, me encontré varios sitios con imágenes e información, mi amigo hizo lo propio y me envió el link de donde copio la cita de hoy.
Abajo esta la información completa y un link.

Veinte años de una relación estrecha, me impiden hablar con distancia de Mariana Yampolsky. El trabajo para ella fue un generador de vida y uno de los vínculos más fuertes entre nosotras.En sus mesas de trabajo siempre había cartas, tarjetas, invitaciones, muchos eran para Francisco Reyes Palma, quien también tiene obsesión por guardar papeles, había ahí encima también montoncitos de rollos 120 para revelar, TX, TM, HP5, FP4, no le preocupaba la marca o la sensibilidad ella sabía disparar y lo hacía certeramente.Su más grande deseo era hacer buenas fotografías, imágenes contundentes. Era perfectamente capaz de juzgar la técnica fotográfica, pero no es esta parte de la fotografía una de sus preocupaciones. Prefirió delegar esta tarea a alguien más, y durante lo últimos veinte años de vida de Mariana, esta tarea la asumí yo gustosamente. Veinte años en contacto directo con las imágenes de Mariana. La mayoría, fotos de México, del campo, de los indios. Fue a través de esas imágenes que descubrí al México amable, lleno de vida, de energía, de buen gusto, de gente digna. También los ojos de Mariana ordenaron delicadamente en cada negativo las formas sublimes de los magueyes y de muchas otras plantas con las que yo junte en el cuarta oscuro dándoles volumen, textura, tono.Grandeza y sencillez son las palabras que caracterizan las fotografías de Mariana. Ella logró lo que todo fotógrafo documental desea: sintetizar en sus fotografías información precisa y belleza. Muchasde nuestras sesiones de trabajo eran en su casa de Tlalpan, con Azul, su gato en el regazo, Blanca Nieves y Chaca, sus perras echadas frente a ella en el sillón de su sala, revisábamos cuidadosamente cada copia y veíamos muchos contactos, mientras tanto hablábamos de las fotos, de los fotógrafos de nuestro país y entre contacto, foto y encuadre hablábamos de nuestras vidas, de nosotras, mujeres, amigas y a veces la felicidad nos invadía y en otras escurrían lagrimas de nuestros ojos, así, a través de sus fotos construimos un vínculo de imágenes, amor y solidaridad.Hicimos algunos viajes juntas y fueron viajes no sólo geográficos, no sólo fotográficos, también viajes por la existencia. A Mariana le gustaba cuestionarse ¿Qué es la fama? ¿a dónde te lleva? ¿es válido perseguirla? ¿llega sola? ¿satisface tu ego?.Las conversaciones acompañadas por el ruido del motor de su VW blanco, se prolongaban de pueblo en pueblo, mientras su entusiasmo por tomar fotos crecía. Hacía paradas a cada momento subía y bajaba de su vochito sin cansarse. Tenía un ojo certero. En momentos parecía como si la conversación la absorbiera, pero no, el mundo pasaba por el rabillo de su ojo y veía imágenes toso el tiempo y las atrapaba con su Hasselblad.Después continuaba la conversación: “la fama no es mi objetivo, el trabajo constante y exigente es mi motor, no tenemos que inventar nada, todo esta ahí sólo hay que descubrirlo, fotografiarlo y gozarlo”. Si en alguien he visto lo que es gozar cuando tomaba fotos fue en ella, en Mariana. Encontraba en su pueblo, en México la seriedad y el buen humor para crear sus fotografías, amorosas, divertidas y honestas.Todos sabemos que se preocupó por el tremendo cambio cultural que México está sufriendo, esto le dolía, no se acostumbro a ver los letrerotes de Coca Cola, ni los aparadores atiborrados de Mikey Mouse y de Barbies y siempre se preguntaba cual sería la forma de contrarrestar esta avalancha y entonces tomaba fotos muy mexicanas y seguía cuestionándose “ ¿Porqué siendo tan inmensamente vasta y hermosa la arquitectura popular mexicana, crecía tan desmedidamente la arquitectura del horror?”. Y también la fotografiaba. Y para contrarrestar la arquitectura del horror nos dejó un importante legado de fotografías de arquitectura popular para que de ahí tomáramos ejemplos, de funcionalidad, sencillez y buen gusto. Disciplinadísima guardo sus negativos y documentos en carpetas, creó un gran archivo de negativos y unamuy buena cantidad de cajas de memorabilia. Dedicaba diariamente muchas horas a ponerlo todo en su lugar, abrumada guardo papeles y contestó llamadas, muchas llamadas, pues en los últimos tres años evitó lo más posible las salidas de su casa y era el teléfono lo que la mantenía cerca de los demás. Estaba olvidando las cosas, no se sentía cómoda, estaba angustiada. “No me gusta quedar mal, decía, que pendientes tenemos, olvido las cosas”. Repetía insistentemente, y el teléfono sonaba varias veces durante el día en Pachuca, ¿Qué pendientes tenemos?.

Alicia Ahumada Salaiz
Miembro fundadorFundación Cultural Mariana Yampolsky, A.C.



Texto de Alicia Ahumada Salaiz:
Ponencia para la exposición "Evocaciones"
Museo Rufino Tamayo

20.7.05

Citando a Francisco Corzas... de la pintura y el desnudo

aqui un fragmento de una entrevista de Cristina Pacheco a Francisco Corzas...

Francisco Corzas: …El trabajo no es tan difícil cuando viene un momento de arrebato, cuando pinto impulsado por una fuerza que no sé cómo describir.

C. P.: Y cuando esa fuerza no se manifiesta, ¿quedas inactivo?

F. C.: No, porque entonces recurro a mis procedi­mientos personales, a las técnicas que conozco. Yo no podría improvisar si no dominara bien una brocha, un pincel, una espátula. No es que las domine tan bien, es que soy su propietario, las manejo: yo las conduzco y no al revés.

C. P.: El proceso de que me hablas es terrible.

F. C.: Ser pintor es terrible porque de la nada vas a la nada, si piensas que la nada es la creatividad.

C. P.: Pero hay un punto en que la nada se convierte en arte.

F. C.: Lo que hace el pintor, 1o que hago, es romper el espacio de la tela vacía. Entro en él armado de color, sólo de color. Soy un expresionista. Antes de comen­zar mi trabajo no tengo planes. Ya te lo dije: entro en la nada de la tela vacía a través del color. Y entonces lo esparzo y allí comienzo a trabajar mí mundo; de eso, que en primera instancia parece algo abstracto, surgen mis personajes... Pero allí va naciendo, va comenzan­do todo, porque cuando entro en la tela desciendo a mis antros.

C. P.: ¿Qué es para ti el desnudo?

F. C.: Lo considero un lenguaje. Hay varios riesgos: puede uno irse a un estilismo o a algo que puede con­vencer a quince o veinte personas. Pero no es eso lo que busco. Quiero pintar la desnudez, el ritmo fasci­nante del cuerpo. Es un género muy difícil. Es más, hay pocos desnudos que realmente admiro.

C. P.: De los que conoces, ¿cuáles codicias?

F. C.: Primero que nada el desnudo de Velásquez y casi todos los de Modigliani. El desnudo de Velásquez es la luz... Es difícil explicarte cómo entiendo estas (osas. Sólo pintando podría explicártelo. Lo que buscado son los reposos insólitos de la mujer, lo que trato de reproducir es la actitud de reposo de su cuerpo.

C. P.: ¿Eso implica un concepto de lo que es la mu­jer?

F. C.: No. Expresa mi idea del desnudo, que para mí es como el despertar de Adán, despertarse en la dicha.

C. P.: ¿Te interesa pintar a la mujer dormida?

F. C.: No, reposando... A la mujer hay que dejarla reposar, pero nunca hay que permitirle dormir porque entonces se repone y te hace pedazos -Francisco ríe, satisfecho de una salida que quita formalidad a sus pa­labras-.



"La luz de México" entrevistas con pintores y fotógrafos
Cristina Pacheco
FCE
Citando del capítulo "Francisco Corzas: la expresión es la mano"
pag.192

12.7.05

Citando a Rufino Tamayo... declaración de principios.

Aquí tienen un fragmento de un texto de Cristina Pacheco, quien publica una charla con Rufino Tamayo… abajo la información completa por si la quieren íntegra.

Espero sus comentarios!


He querido expli­carles mis circunstancias, mi trayectoria, los momentos con los que construí el tiempo general de mi obra. Una obra hecha a base de constancia y trabajo sobre las bases de una teoría personal que alguna vez -en una conversación con Víctor Alba- quedó asentada en una especie de declaración de principios aunque en realidad no pretendo decirlo:


"1. Partir de la idea de que la pintura es un vehículo propio, personal, de expresión, independientemente de que sea buena o mala.
"2. Trabajar con humildad, es decir, tener el orgullo de soportar el aislamiento, el silencio, la soledad, y so­bre todo la dureza del trabajo y las privaciones.
"3. Pintar no para vivir, sino porque se tiene necesidad de hacerlo.
"4. No tener prisa.
"5. Ser ciego para los obstáculos que colocan en el camino la envidia y la rivalidad.
"6. Preguntarse de una vez por todas: “¿Qué es la pintura?', y estar seguros de la respuesta. Cuando se tiene, ya no existen problemas ni peligro de seguir por caminos torcidos. Anteponer los problemas plásticos a todos los demás.
"7. No descartar la existencia de otros problemas, ya que puede haber otros valores además de los plásticos. No hay que desdeñarlos ni ignorarlos, pero mucho menos hay que anteponerlos.


1980 _



“La luz de México” entrevistas con pintores y fotógrafos
Cristina Pacheco
FCE

Capìtulo: Tamayo por Tamayo
Pag. 588

3.7.05

citando "el contrabajo" de Süskind

Y sólo así es posible la música, por que en esta tensión que abarca de aqui para
allá y de arriba abajo, acontece todo cuanto tiene sentido en la música, se
engendra el sentido y la vida musical, la vida, en definitiva.

"El contrabajo"
Patrick Süskind